DIPROSPAN - Precauciones

La suspensión de DIPROSPAN no es para uso intravenoso o subcutáneo. Es obligatorio usar técnica aséptica estricta durante la administración de DIPROSPAN Suspensión. DIPROSPAN Suspensión contiene dos ésteres de betametasona, uno de los cuales, el fosfato sódico de betametasona, desaparece rápidamente del sitio de inyección. El potencial para causar efectos sistémicos de esta porción soluble de DIPROSPAN Suspensión debe, por lo tanto, ser tenido en cuenta por el médico cuando se usa esta preparación. DIPROSPAN Suspensión debe administrarse por vía intramuscular con cautela a pacientes con púrpura trombocitopénica idiopática. Las inyecciones intramusculares de corticosteroides deben administrarse profundamente en masas musculares grandes para evitar la atrofia tisular local. La administración en tejidos blandos, intraarticular e intralesional de un corticosteroide puede causar efectos sistémicos así como locales. Es necesario examinar cualquier líquido articular presente para excluir un proceso séptico. Debe evitarse la inyección local en una articulación previamente infectada. Un aumento notable en el dolor y la tumefacción local, más restricción del movimiento de la articulación, fiebre y malestar sugieren una artritis séptica. Si se confirma el diagnóstico de sepsis se debe instituir el tratamiento antimicrobiano adecuado. Los corticoides no deben inyectarse en articulaciones inestables, áreas infectadas o espacios intervertebrales. Las inyecciones repetidas dentro de las articulaciones con osteoartritis pueden aumentar la destrucción de la articulación. Evitar la inyección directamente en la sustancia de los tendones, porque ha ocurrido ruptura demorada del tendón. Después del tratamiento corticosteroideo intraarticular, el paciente debe tener cuidado de no usar excesivamente la articulación en la cual se ha obtenido el beneficio sintomático. Raros casos de reacciones anafilactoides se han reportado en pacientes que han recibido tratamiento con corticoides parenterales. Deben tomarse medidas de precaución apropiadas antes de la administración en pacientes con historia de alergia a cualquier fármaco. Con el tratamiento corticosteroide a largo plazo se debe considerar la transferencia de la administración parenteral a la oral después de considerar los beneficios y riesgos potenciales. Puede ser necesario ajustar la dosificación en presencia de remisión o exacerbación de la patología, ante la respuesta individual del paciente y ante la exposición a estrés emocional o físico, como en caso de infección grave, cirugía o traumatismos. Puede ser necesario mantener la vigilancia durante un año después de suspender tratamiento corticosteroideo a largo plazo o con dosis elevadas. Los corticosteroides pueden enmascarar algunos signos de infección, pudiendo desarrollarse nuevas infecciones durante su uso: puede ocurrir una reducción de la resistencia e incapacidad para localizar la infección. El uso prolongado de corticoides puede causar cataratas subcapsulares (especialmente en niños) y glaucoma con posible lesión de nervios ópticos, pudiendo también fomentar las infecciones oculares secundarias causadas por hongos o virus. Las dosis normales y elevadas de corticosteroides pueden aumentar la presión arterial, la retención de sal y agua y la excreción de potasio. Es menos probable que estos efectos ocurran con los derivados sintéticos, excepto cuando se usan a dosis elevadas. Considerar la restricción de sal y la suplementación de potasio. Todos los corticosteroides aumentan la excreción de calcio. Los pacientes que estén recibiendo tratamiento con corticoides no deben vacunarse contra viruela. No deben emprenderse otros procedimientos de inmunización en pacientes que reciben corticosteroides, especialmente a dosis elevadas, debido a los posibles peligros de complicaciones neurológicas y falta de respuesta de anticuerpos. Sin embargo, se pueden emprender procedimientos inmunizantes en pacientes que reciben corticosteroides como tratamiento de reemplazo, por ejemplo en caso de enfermedad de Addison. Debe advertirse a los pacientes que reciben dosis inmunodepresoras de corticosteroides que eviten quedar expuestos a la varicela o al sarampión y, si han sido expuestos, que consulten a un médico. Esto tiene importancia especial en los niños. El tratamiento corticosteroideo en pacientes con tuberculosis activa debe restringirse a los casos fulminantes o diseminados conjuntamente con un régimen antituberculoso apropiado. Si los corticoides están indicados en pacientes con tuberculosois latente o reacción a la tuberculina, es necesario observarlos estrechamente ya que puede ocurrir reactivación de la enfermedad. Durante el tratamiento corticosteroide prolongado, los pacientes deben recibir quimioprofilaxis. Si se usa rifampina en un programa quimioprofiláctico, debe tenerse en cuenta su efecto realzante de la depuración metabólica hepática de los corticosteroides; puede ser necesario ajustar la posología del corticosteroide. Debe usarse la dosis más baja posible de corticosteroide para controlar la afección que se esté tratando; cuando sea posible reducir la posología gradualmente. El retiro demasiado rápido del corticosteroides puede inducir insuficiencia corticosuprarrenal secundaria, la que puede reducirse al mínimo mediante una reducción gradual de la posología. Tal insuficiencia relativa puede persistir durante meses después de suspender el tratamiento; por consiguiente si ocurriese estrés durante ese periodo, debe restituirse la corticoterapia. Si el paciente ya está recibiendo corticosteroides puede ser necesario aumentar la posología. Como puede estar afectada la secreción de mineralocorticoides, debe administrarse sal y/o un mineralocorticoide concomitantemente. El efecto corticosteroide aumenta en pacientes con hipotiroidismo o cirrosis. Se aconseja el uso cauteloso de corticosteroides pacientes con herpes simple ocular debido a la posibilidad de perforación corneal. Con la corticoterapia se pueden desarrollar trastornos psíquicos, inestabilidad emocional o tendencias psicóticas existentes pueden ser agravadas por los corticosteroides. Los corticosteroides deben usarse con cautela en: colitis ulcerante no específica, si hay una probabilidad de perforación inminente, absceso u otra infección piógena, anastomosis intestinales recientes, úlcera péptica activa o latente; insuficiencia renal, hipertensión, osteoporosis y miastenia grave. Como las complicaciones del tratamiento con glucocorticoides dependen de la dosis, el tamaño y la duración del tratamiento, se debe tomar una decisión en base a los riesgos y beneficios en el caso de cada paciente. Como la administración de corticosteroides puede trastornar las tasas de crecimiento e inhibir la producción endógena de corticosteroides en infantes y niños, el crecimiento y desarrollo de los pacientes que reciben tratamiento prolongado deben vigilarse cuidadosamente. Los corticosteroides pueden alterar la motilidad y número de espermatozoides en algunos pacientes.